La idea de estar cerca de las líneas eléctricas y causar algún trastorno en la salud, siempre ha sido punto de controversia. Distintos estudios no han llegado a una afirmación taxativa que pueda establecer causa-efecto respecto a ello, llegándose a conclusiones muy diferentes. Sí está clara la posición de la OMS, que considera «los campos magnéticos posiblemente cancerígenos para los seres humanos». Pero, ¿cómo afectaría a nuestra salud viajar en un vehículo eléctrico asiduamente y más cuando para cumplir con los objetivos de reducción de emisiones de CO2  España ha de contribuir con una considerable cantidad de estos vehículos?

Un estudio financiado por la UE y llevado a cabo por la organización de investigación independiente SINTEF concluye que no hay  «motivo de preocupación al respecto» . Para ello se ha tenido en cuenta qué es lo que contribuye a los campos magnéticos y se comprobaron en diferentes vehículos eléctricos junto con un automóvil de gasolina y otro de hidrógeno. Los investigadores argumentan «que todos los automóviles, independientemente de la fuente de energía,  generan campos magnéticos y, aunque son ligeramente más altos en vehículos eléctricos, no son significativamente más altos y, por lo tanto, no deberían dañar a sus ocupantes».

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