El grafeno se nos presenta como un material revolucionario idóneo para utilizarse en la industria de la tecnología. Propio del siglo XXI, aunque ya era conocido desde hace medio siglo, pero quizás sea ahora cuando despierta más interés. Pero, ¿por qué? Este material está compuesto únicamente por átomos de carbono, aunque el grafito de la mina de lápices y el diamante también lo contiene. Su diferencia estriba en que es plano: una lámina de un solo átomo de grosor. No es nada caro, extremadamente duro, flexible, ligero, elástico y transparente; y de algun modo está cambiando nuestras vidas. Hoy en día sus aplicaciones son diversas: no solo en la conducción de la luz (es el sensor de luz más rápido que hay en el mundo), sino también en la edificación (con él se podrían recubrir las ventanas de los edificios con una capa de grafeno y suministrar energía al edificio). Nuestros smartphones serán más flexibles y los procesadores más pequeños y eficientes. En la industria automovilística se aplica en los coches eléctricos, que tendrán más autonomía con baterías de este tipo; y también a las lunas de los coches (mayor seguridad por la noche).

Incluso en el ámbito de la salud tiene su cabida: una simple pulsera nos podría informar sobre nuestro estado de salud y se presenta como ideal para implantes cerebrales.

la-era-del-grafeno

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